jueves, 26 de febrero de 2015

ESTERTOR


La tarde era fría y llovía. Lo suficientemente fría como para sentir que no  puedes continuar, aunque eso no le impedía caminar sin prisa como aguardando. No buscaba resguardarse debajo de techos provisionales como lo hacían los demás transeúntes. Ella solo seguía el camino que le fue indicado, el cual tal vez no la llevaría a ningún lado, pero que seguía con una ansiedad disimulada por llegar. Las gotas caían de su abrigo y chocaban contra el suelo, junto a sus zapatos que se hallaban repletos de barro; pero eso no era lo que ocupaba su pensamiento ya que solo podía volver inevitablemente al recuerdo de hacia unos minutos, cuando su corazón latía con tal ferocidad que pensó que podría salir de su pecho, aunque esto no fuera físicamente posible.

Mientras caminaba la tarde desaparecía y dentro de poco el color gris que la había acompañado se volvería negro. Las personas que hace un momento pasaban por su lado comenzaron a ser imperceptibles, ahora se encontraba sola y sus pisadas se hicieron mas agiles. Los faroles se encendían uno a uno con cada paso que daba, al igual que crecía su ansiedad y curiosidad.

Termino la acera, cruzo la calle y camino hasta la siguiente esquina en la cual pudo mirar el gran puente que se elevaba frente a sus ojos. Nunca antes lo había visto, lo contemplo por un instante y subió a el. Al  final  del puente  se encontraba un sendero con farolas azules que destellaban e iluminaban el empedrado. Tal y como lo decía el papel que se arrugaba en su mano. Siguió, en línea recta buscando el numero que le indicaba, aunque sinceramente no se que esperaba encontrar. En el lugar no había casas, únicamente había ventanales en los cuales podía reflejarse pero no podía ver que había  a través de ellos. Comenzaba a temer, a sentir que debía regresar, pero renunciar en este punto no era permitido, ella había decido ir asumiendo el riesgo que esto representaba. Fue en ese momento en el que se cuestionaba regresar, que al final del  sendero donde una única farola azul alumbraba, lo vio.

Estaba de pie junto a la farola, llevaba puesto un traje negro, camisa blanca y lentes. Jugaba con su encendedor mientras sonreía. Ella no pudo dar un paso mas, sus ojos no se apartan del hombre que estaba justo frente a ella. El levanto el rostro  y  clavo su mirada  en ella y sus labios se abrieron.

  •         Amelia que gusto verte  - Su voz fue cortante y seria, la sonrisa que tenia en el rosto no se evidenciaba en su voz.- Admito que estaba decepcionado por la tardanza pero sabía que vendrías, tu curiosidad siempre ha sido mayor que tu sentido de riesgo.

Su voz le era familiar y su apariencia también, a pesar de eso no lograba encontrarlo en sus recuerdos, se encontraba petrificada sin poder moverse de donde estaba. Este hombre era el que le había enviado el mapa hacia dos semanas con la nota que recordaba claramente:

“Al final del camino las decisiones nos condenan y las manos entrelazadas se separan, para de esta manera entender que nada nos pertenece… Ni siquiera nosotros mismos. ’’

El la quería aquí y no entendía el por que. Nada tenia sentido, si lo hubiera visto lo reconocería, sabría quien era. Pero no podía concentrarse solo podía verle acercarse lentamente, era como ver a un león asechando, ser consciente de eso y no escapar. Caminaba lento pero pronto estuvo frente a ella.Espero. Hizo un leve movimiento y sujeto su mano… ese fue el primer temblor el que la hizo reaccionar y finalmente intervenir.

  • -       Aléjate… - No fue mas que un suspiro, su voz era temblorosa, quebradiza así mismo se veía ella de pie en medio de farolas y ventanas junto a un hombre, que buscaba en cada paraje recóndito de su memoria sin hallarlo.-  ¿Quien eres?- Pregunto.

El hombre se alejo unos centímetros sin apartar la vista de Amelia, guardo su encendedor y añadió.

  • -       ¿No sabes quien soy ahora  o no sabes quien siempre he sido ?– Espero, ella se veía insegura, impaciente, no sabia que decir así que añadió.- Ten cuidado con lo que preguntas, nadie es para siempre el mismo y puede hasta olvidar quien era en un pasado si no dímelo tu.

Estaba sola en un lugar que no conocía, en el que nunca había estado, nadie sabia donde encontrarla, ella había ido; había hecho el camino por su propia cuenta y sentía tanto temor que sabía que ese seria el último lugar en donde estaría. Por lo menos se iría con respuestas. Al principio su voz fue suave pero con el avance de las palabras fue más que entendible y hasta segura. La resignación había aflorado muy rápido, esto ya no era novedad.

  • -Tu pareces conocerme, pero yo no se quien eres o quien eras. Te busco en mi memoria sin hallarte, pero con un anhelo de saberte real. Tu voz la reconozco pero no la relaciono, no recuerdo tus palabras si es que me dijiste algunas antes de hoy.- Se detuvo buscando en sus ojos eso que la hiciera esclarecer lo que sucedía, tratando de encontrar esa respuesta a su encuentro. Pero estos eran impenetrables, no estaban dispuestos a proporcionar información alguna, y de nuevo esa sonrisa en su rostro no compartía la misma felicidad con sus ojos.
  • - Nunca has podido disimular tus pensamientos, tus ojos siempre  han sabido delatarte. Después de todo no has cambiado mucho.- Por un lado parecía satisfecho de verla decirle lo que pensaba, de verla desarmada frente a el con la resignación puesta como el vestido mas reluciente, pero en el fondo la veía con tristeza y con algo mas, algo que no lograba identificar.- Y se exactamente que haces aquí, a diferencia de ti.

Su seguridad, lo hacia interesante incluso atractivo teniendo en cuenta la situación en la que se encontraba. La distancia que los separaba era mínima, pero por alguna razón Amelia hizo el trayecto que quedaba y quedo frente a el, lo suficientemente cerca como para sentir su respiración. Y  hablándole casi rozando sus labios dijo.

  • -       Ya que tu lo sabes, y yo lo ignoro por completo, dime por que estoy acá.- Esa cercanía no impaciento al hombre cosa que pensó Amelia que pasaría. Muchas veces nos dejamos llevar por lo que creemos es lo mejor, para luego darnos cuenta de que nosotros mismos ponemos nuestra vida en manos de alguien mas. Pensó.

A pesar de que el ambiente estaba completamente iluminado y un viento helado paso junto a ellos, lo único que Amelia sintió fue cuando el se ciño a ella y la abrazo con fuerza, no sabia como reaccionar, era plenamente conciente de que no era lo correcto y de que era sumamente extraño que sintiera que era un abrazo sobrecoger. Por un momento olvido el peligro, olvido que era un hombre al que al parecer no conocía, el que posiblemente quisiera hacerle daño, su instinto de supervivencia la había abandonado y fue ahí cuando ella supo lo que pasaba y quien era. Para ese momento ella también le abrazaba.

Estuvieron abrazados un par de minutos sin decir palabra, solo podían escucharse el corazón el uno al otro. Cuando el latir se volvió unisonó, el se separo, dio media vuelta y fue directo al farol donde ella lo había visto hacia unos minutos. Tomo una caja con un moño que se encontraba en el suelo, la cual ella no había visto antes a pesar de ser brillante. Regreso junto a ella, beso su mejilla y se la entrego.

  • -       Ábrela, he traído un presente para ti-  Dejo de mirarla para buscar el encendedor en el bolsillo de su  blazer.

Al abrir la  caja encontró un álbum de pasta negra con letras color plata. Al abrirlo encontró muchas fotografías, algunas eran de ella, se le veía feliz, su color de cabello era diferente, y definitivamente su estilo había cambiado. Había otras fotografías en las que se encontraba el, podía apreciar su sonrisa, y en otras su actitud un poco seria como de negocios. Continúo pasando hojas hasta que encontró lo que inconscientemente buscaba. La fotografía mas linda que ella pudiera haber visto. Estaban juntos el tenia un brazo alrededor de su cintura y se besaban en un bosque, al ver la imagen ella recordó aquel día.

Supo que el la había amado y ella a el, entendió que el dolor había sido tan grande que tuvo que suprimir de su mente todo lo que había vivido, y lo que había pasado; por que si no, no habría podido continuar. Es que quien puede vivir con ese dolor en el pecho, esa culpa contenida que nos hala hacia situaciones poco deseables. Si hubiera permitido que su recuerdo quedara dentro de si, no estaría en ese lugar, mirándolo por última vez. Estaba hay por que el hilo que la unía a el estaba jalándola. No se cortan los lazos tan solo con la distancia, el amor va mas allá de todo y las palabras con el tiempo se olvidan se vuelven extrañas, pierden el significado que alguna vez tuvieron, pero un abrazo siempre te recordara en que lugar fuiste feliz. Mientras recordaba eso y volvía a guardar a ese hombre en su corazón escucho el casquillo chocar contra el suelo.


La bala impacto contra su pecho y ella cayo con un sonido seco sin apartar sus ojos de los de el. Ella le había roto el corazón y ahora iba a morir. En ese momento sintió un segundo temblor el cual retumbo por todo su  cuerpo. Mientras escuchaba el sonido de los pasos de Paulo y el olor a cigarrillo empezaba a ocupar  el ambiente, ella fue dejándose ir y una lagrima abandono su cuerpo llevándose consigo su ultimo pensamiento... Lo amaba.

Kerly A. Ramirez