Hay tardes descompuestas que se anidan en mis ojos y me incitan a tomar asiento y verlas ser, verlas partir, verlas desintegrarse junto al sol, mezclarse con la lluvia y perderse en mi pupila.
Hay tardes que sufren de locura y me impiden pensar con claridad, se meten en mi mente y me hacen pensar cosas tales como lo mágico que puede ser ver un atardecer a las 4 de la tarde un domingo cualquiera, reflejándose en las gotas de lluvia que caen como lagrimas.
Hay tardes que no identifico, que no se funden conmigo, que se vuelven independientes, no las siento no las percibo no me hacen querer escribirles, se me hacen ajenas ...y lo ajeno no me permite escribir, no me permite ser, no me permite hacerlo pasar por mi corazón para entenderlo. Hay otras tardes que son como yo, que se vuelven mi espejo, son tardes frías, oscuras y algo desiertas; cubiertas por una capa leve de lluvia y una puesta de sol cayendo por el horizonte, dándole paso a la noche que bañara las calles con las mas bellas luces que iluminan el camino de las teclas que escriben y destapan el libro de mi corazón que escapa de las tardes ya que lo único que hacen es gastar la tinta de sus cansados recuerdos.
Y hay tardes como la de hoy que lo único que produce en mi es la gran melancolía de no caminar junto a ti, frente a la puesta de sol y darme cuenta de que las oportunidades están volando sobre mi cabeza, pero muy alto como para poder alcanzarlas y volverlas realidad.
Kerly A. Ramirez
Kerly A. Ramirez

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