Existió una noche de primavera que intento recordar, ya que mi mente se aferra a ese recuerdo como si no tuviese mas, como si no respondiera a ningún otro impulso o como si al dejar de recordar mi semi congelado corazón dejase de latir, aunque este jamás le diera respuesta. El simple hecho de aclamarlo era suficiente, claro esta dentro de lo necesario, la verdad es que no solo fue una noche, fue en si una bella primavera llena de flores y de colores perfecta para el amor, perfecta para la efímera pasión que deja el beso entre dos miradas penetrantes en los caminos de un parque.
Es un recuerdo perdurable, penetrante, y de una búsqueda exhaustiva, de esos que te arropan en las noches y te abrigan en invierno, de los que te acompañan a caminar, mientras ves caer las hojas en otoño, de los mismos que se asoman los días soleados para recordar las lejanas primaveras, aunque no me encuentre viendo el florecer de la vida, si no el recordar del pasado; Yo no me encontraba en ese parque viendo la nueva primavera, para de esta forma poder recordar mas fácilmente la pasada, no estaba ahí esperando encontrarle, no me encontraba en aquella banca conocida, ni junto a ese árbol familiar, ni mucho menos, viendo aquel radiante sol que ese día iluminaba tus ojos, el cual me ayudo a descubrir aquel color que solo supe comprender tiempo después, mucho tiempo después de no verte aunque estabas frente a mi , de no hablarte, aunque me inundaras de palabras y de no recordarte, aunque jamás te hubieras ido.
Un poco contradictorio de mi parte , el hecho de no querer recordarte, ni pensar en ti, ese mismo hecho me tiene acá sentada en el sótano, mirando la primavera desde de este lugar, donde guardo cada segundo con tigo, las hermosas fotografías, las cartas interminables, los libros similares a nuestra vida, las frases dejadas en el olvido, y el amor llenando el ambiente, ese mismo amor de hace meses, el mismo amor de aquella primavera, y el de las fotos de las miradas maravillosas, donde tus ojos me enamoraban; donde las hojas me rozaban la piel y el viento me revolvía el cabello, donde me llenabas de flores hermosas, y decías que ninguna era mas hermosa que yo, donde pase los mas hermosos atardeceres junto a ti, en esa banca, junto al árbol de las bellas flores y las recordadas tardes.
Leer el libro de nuestro amor sin ti sentado ami lado, hace que las líneas pierdan esa chispa que me hacían desear leerlo cada día, que me hacían recordar cada una de tus cosas, de tus locuras, de las eternas veces que nos dedicábamos la luna envuelta en nuestros versos, estos mismo que terminaban en besos, ya recuerdo por que no deseaba recordarte, por que te había guardado en este lugar, mientras tu me lucias en tus libros, mientras yo protagonizaba tus textos y tus mas fervientes conversaciones, porque esa primavera para mi no termino siendo real, por que esos momentos se intentaban desdibujar, se cubrían de polvo y se teñían de olvido, por que cuando los corazones se olvidan de latir al unísono, el sonido es inaudible y el amor impensable, y cuando el amor se hace impensable, lo imposible se borra de toda posibilidad.
Y al final, fue Simplemente porque mientras tu me hacías historia en tus libros, amando a la del texto, a la del papel que tocabas todos los días, viendo que corregir, a la que se convertía en la musa para plasmar en versos, en la que diseñaste, manejaste y moldeaste, en la misma que trasformaste, yo te hacia recuerdo, así te viese todos los días, así caminaras con migo, eras otro y yo te guardaba en mi mente y en mi corazón como aquel al que jure amar y hoy recuerdo; por que sencillamente mientras tu me enviabas cartas escritas en hojas invisibles, que solo tu y yo conocíamos y con las cuales me habías enamorado, yo me olvidaba de el arte de leerte, y por ende de el arte inimaginable e impensable de amarte.
Kerly A. Ramirez

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